Cómo el marco del ODS 4.1.1 y la pobreza en el aprendizaje pueden ayudar a los países a dirigir su respuesta a la COVID-19 en materia de política educativa

João Pedro Azevedo, economista jefe, Education Global Practice, Grupo Banco Mundial y Silvia Montoya, Directora, Instituto de Estadística de la UNESCO (UIS)

La mayoría de los gobiernos y asociados para el desarrollo están trabajando en la identificación, protección y apoyo del aprendizaje de los miembros más vulnerables de la generación COVID-19. En este blog, analizamos cómo el marco del ODS 4.1.1 y el concepto de pobreza en el aprendizaje son herramientas útiles para ayudar a los países a entender y corregir los efectos de la COVID-19 en la escolarización y el aprendizaje.

Del nivel mínimo de competencias a una medición de la privación del aprendizaje

En octubre de 2018, la comunidad internacional acordó ser prudente en la utilización de un estándar global para el seguimiento del progreso en el aprendizaje de los estudiantes. El nivel mínimo de competencias (NMC)­ acordado a través de la Alianza Global para el Seguimiento del Aprendizaje (AGSA) ofrece un punto de referencia único para ayudar a los países y los asociados para el desarrollo a trabajar juntos para monitorear y mejorar el aprendizaje de aquellos estudiantes que se están quedando atrás. La pantalla de visualización interactiva que se muestra a continuación (Figura 1) permite explorar con el control deslizante los datos utilizados para monitorear este ODS, utilizando tanto el NMC de la AGSA como diferentes niveles mínimos de competencia.

Figura 1. Ejemplo de cómo el ODS 4.1.1 puede utilizarse para poner el foco en los estudiantes que están por debajo del nivel mínimo de competencias (NMC)

La pobreza en el aprendizaje: un indicador multidimensional para el sector educativo

En octubre de 2019, el Banco Mundial y el Instituto de Estadística de la UNESCO (UIS) lanzaron un nuevo indicador multidimensional llamado pobreza en el aprendizaje. Se basa en la idea de que todos los niños deberían estar escolarizados y ser capaces de leer un texto apropiado para su edad a los 10 años[1]. Esta formulación refleja cuál es su aspiración y sirve como indicador de alerta temprana del Objetivo de Desarrollo Sostenible 4 (ODS 4), de que todos los niños deben estar escolarizados y aprendiendo[2], y se basa en dos privaciones.

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